Para nadie es un secreto que la Academia Mexicana es elitista y jerarquizada. En algunos sectores, los rasgos de pertenencia a los grupos con mayor prestigio obedecen a reglas incomprensibles en los tiempos modernos, en los que supuestamente la meritocracia es, o debería ser, una categoría dominante. En esos grupos se depende del parentesco —que garantiza cierta obediencia y respeto por valores e intereses formados políticamente a través de compromisos que tienen su historia—, pero sobre todo de la lealtad al grupo en el que se es recibido.
Todo esto ha sido naturalizado y revelado sin mayor empacho por académicos como Antonio Lazcano, quienes pueden ser de derecha, centro o izquierda, o bien personas sin definición clara que escriben desde sí mismas, como decía Octavio Paz. Lo cierto es que estos grupos, sorpresivamente, se han unido a uno de los bandos más tradicionales del país en la vieja pelea por los libros de texto. Lo han hecho por razones aparentemente distintas, pero que confluyen en una disputa partidista que, al igual que con la Asociación Nacional de Padres de Familia, los lleva a enfrentarse a un gobierno cuya identidad depende de su identificación con las causas que la izquierda defiende. La educación sexual es y seguirá siendo un frente en disputa en los próximos años.
Todos los libros de texto enfrentan de manera cíclica un debate sobre dos asignaturas: Historia y educación sexual. La reforma de 2022 incluyó —creo yo, afortunadamente— a dos asignaturas más: Español y Matemáticas. Sin embargo, estamos en 2025 y el debate sobre la educación sexual no parece cerrarse; por el contrario, se presenta claramente como una carta más en la lucha por el poder. Así como la descentralización, el bullying y los embarazos adolescentes son fantasmas sobre los que todos los grupos políticos vierten sus fantasías e invocan para ganar adeptos, la vieja herida de la sexualidad se está banalizando de manera peligrosa.
¿Debe la escuela enseñar sobre infancias trans? ¿Métodos anticonceptivos? ¿Los procesos fisiológicos del cuerpo humano? La ley dice que sí y que los docentes estamos obligados.
Si la educación sexual en las escuelas debe ser integral o preventiva se definirá, como siempre, en los escritorios de las secretarías de Educación y de Salud. Un dato que olvidan los críticos de la Nueva Escuela Mexicana es que los contenidos educativos son una suerte de lucha interna al interior de todo gobierno federal en turno. Las escuelas públicas o privadas no son el único campo de batalla, pero lo cierto es que hoy los niños y adolescentes usan redes sociales y viven una realidad sórdida en la que estos temas existen de maneras que ni siquiera se están cuestionando.
Mientras que la Academia Mexicana, en todos sus frentes, ha emitido todo tipo de críticas a la Nueva Escuela Mexicana, señalando debilidades y también aciertos, los representantes visibles de la batalla cultural utilizan a contentillo las aportaciones de investigadores serios y de organismos internacionales para construir una narrativa que no proviene de las preocupaciones diarias de la población mexicana.
En este país, los embarazos adolescentes y los abusos sexuales infantiles nos colocan en los primeros lugares a nivel mundial, donde ser niño o adolescente no solo es un reto, sino que resulta francamente imposible. El lugar donde más se vulneran sus derechos es la familia tradicional mexicana, la cual nunca será sometida a la autocrítica suficiente para denunciar lo que le está ocurriendo a nuestros niños y jóvenes. ¿Qué piensan las víctimas de abuso que hacen todo lo posible por huir de su casa cuando escuchan a youtubers entrevistar a Mariana Benavides para defender una institución social que ya no cumple, ni nunca se vio así, como la familia nuclear norteamericana? ¿Cómo deben reaccionar las niñas y adolescentes embarazadas por familiares cuando las obligan a traer al mundo un producto de la gestación que sufrirá más violencia y abandono que sus madres? ¿Qué deben pensar los maestros que han vivido las reformas educativas de los últimos 30 años cuando se minimiza y se miente sobre la capacitación y la gestión didáctica de la educación sexual que han debido enfrentar?
¿Usted, amable lector o lectora, alguna vez ha visto que un contingente de la CNTE o un grupo de profesores de izquierda reivindique la educación sexual integral? Yo tampoco, y estoy seguro de que ese tema está casi vetado en todos los salones del país, porque tanto en la izquierda como en la derecha mexicanas nadie ha asumido la responsabilidad de separarse de la formación religiosa que ello implicaría. Entre el “no pasa nada” de la izquierda y el odio de la derecha, nuestros jóvenes reciben la educación sexual en otros espacios. Si bien el feminismo y el conservadurismo norteamericano dominan la narrativa en las redes sociales, una realidad cruel se aprovecha de la ignorancia de los adolescentes y de la inocencia de los niños.
Yo sigo esperando la batalla cultural en mi salón de clases, mientras veo a familias enteras odiar todo aquello que la realidad familiar les ha provocado, porque la única familia tradicional que conocieron fue una pesadilla llena de machismo, alcohol, abandono, violencia y también sexo. Lo que veo ahora es un lamentable espectáculo en el que los libros de texto funcionan como distractores y donde no existe la menor probabilidad de salir del hoyo en el que nos encontramos.
No, estimado lector, lectora; la batalla cultural en México no existe, hoy solo vemos a grupos políticos y académicos enfrentados una vez más, nuestros grandes intelectuales están en otra cosa. por lo tanto le invito humildemente a bajar el tono del insulto y ver más por sus seres queridos, ellos nos necesitan, porque la tragedia, lea usted bien, no es como se la pintan.
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