La conmemoración de la Guerra Cristera (100 años, ya) no sirvió para acrecentar el conflicto entre la sociedad y el Estado. Tampoco fue un evento que moviera a las masas a tomar las calles o a reivindicar el catolicismo y las razones, estimado lector y lectora, no son que nos encontremos en un momento de debilidad del catolicismo, sino en otro momento de la Iglesia universal, uno que es más esperanzador y luminoso que el que reinaba en 1926. Los constantes ataques y la proliferación de las distintas sectas que han surgido en búsqueda de consuelo, demuestran que la sociedad buscaba cambios en la manera de comunicación de la Iglesia, cuestión que el papa Francisco supo responder con gran inteligencia y compasión. Es a esta renovación a la que obedece, no una desmovilización de la Iglesia católica, siempre beligerante y lista para atrincherarse en sus creencias, sino una cartera de nuevas luchas que la Iglesia decidió emprender y en cuya solución sus fieles están enfrascados. L...
Marx Arriaga se ha atrincherado en sus oficinas del sur de la Ciudad de México. Aunque esté demostrando ser incansable y ciertamente heroico, esta acción terminará en desgaste y eventualmente en la desocupación tan deseada por sus enemigos. No van a doblar al gobierno, que ya ha decidido el destino del funcionario que aceptó ser la cara visible del modelo educativo del régimen y, al parecer, por lo oscurito pedía cooperaciones forzadas a sus colaboradores, junto con otros abusos que, legalmente, sean ciertos o no, podrían usarse para su remoción. Seamos realistas: la refundación de la SEP, como la ha llamado el funcionario, no ocurrirá porque los que podrían hacerlo están muy ocupados destrozándose. Existen algunas voces sensatas que llaman a la necesidad de construir un pacto generalizado que defina el rumbo que queremos como sociedad para la educación en las próximas décadas. Pero la realidad es otra, y nuestro sistema está diseñado para doblegar mayorías y someter minoría...