Marx Arriaga se ha atrincherado en sus oficinas del sur de la Ciudad de México. Aunque esté demostrando ser incansable y ciertamente heroico, esta acción terminará en desgaste y eventualmente en la desocupación tan deseada por sus enemigos. No van a doblar al gobierno, que ya ha decidido el destino del funcionario que aceptó ser la cara visible del modelo educativo del régimen y, al parecer, por lo oscurito pedía cooperaciones forzadas a sus colaboradores, junto con otros abusos que, legalmente, sean ciertos o no, podrían usarse para su remoción. Seamos realistas: la refundación de la SEP, como la ha llamado el funcionario, no ocurrirá porque los que podrían hacerlo están muy ocupados destrozándose. Existen algunas voces sensatas que llaman a la necesidad de construir un pacto generalizado que defina el rumbo que queremos como sociedad para la educación en las próximas décadas. Pero la realidad es otra, y nuestro sistema está diseñado para doblegar mayorías y someter minoría...