A Eduardo Ruiz-Healy no le agrada que el apellido de Karl Marx, de origen asquenazí judío, se utilice como nombre propio. Y esa es la menor de las críticas que el periodista dirige a Marx Arriaga Navarro, desde la comodidad que otorga el desconocimiento de la estructura de un plan de estudios o de la complejidad de las bases epistemológicas que sustentan cada disciplina. Lo ha llamado “fulandrejo”, “misógino” y lo ha responsabilizado de afectar la educación pública, además de cuestionar aspectos triviales como su forma de vestir. Todo esto ocurrió en vísperas del Día del Amor y la Amistad, pues el 13 de febrero de 2026, Marx Arriaga —Director de Materiales Educativos de la Secretaría de Educación Pública durante los últimos años de la administración de Andrés Manuel López Obrador y los primeros de Claudia Sheinbaum— denunció un desalojo y despido forzado de sus funciones como responsable de elaborar los libros de texto y de aterrizar el Plan de Estudios 2022 en recursos educativos para la educación básica.
Este episodio no es aislado; se suma a la extensa lista de polémicas que han marcado la breve trayectoria de este funcionario del movimiento lopezobradorista. Según el periodista Ignacio Izquierdo (2026) y mis notas personales, se pueden mencionar:
1. Fue
acusado de ser protegido de Beatriz Gutiérrez Müller, esposa del expresidente
Andrés Manuel López Obrador.
2. Su
nombramiento al frente de la Dirección General de Bibliotecas Públicas en la
Secretaría de Cultura provocó la renuncia del reconocido Daniel Goldin,
director de la Biblioteca Vasconcelos, debido a los malos tratos recibidos de
Arriaga, quien incluso le ordenó desalojar su oficina y trasladarse al
sótano.
3. Se le
señaló de practicar “mansplaining” hacia el movimiento feminista, al dar
consejos a las mujeres sobre cómo liberarse mediante la lectura, como si no lo
hicieran ya o necesitaran sus recomendaciones.
4. Convocó
a diseñadores gráficos y artistas visuales a donar su trabajo sin remuneración
para ilustrar los nuevos libros de texto, lo cual fue considerado una burla y
denunciado como una práctica nociva que normalizaba la explotación laboral y la
trivialización del trabajo artístico.
5. La
rapidez con la que elaboró los libros de texto gratuitos que acompañarían la
implementación del Plan de Estudios 2022 fue criticada por contener errores de
diversa índole y por carecer de una organización que reflejara progresiones
pedagógicas suficientes para fortalecer el aprendizaje en matemáticas, ciencias
y lectura.
6. Sus
constantes enfrentamientos en redes sociales con periodistas especializados en
educación, escritores, investigadores y docentes solían derivar en insultos,
generando titulares y momentos bochornosos para ambas partes, pues tanto el
funcionario como sus críticos perdían con facilidad el filtro de la
decencia.
7. Arriaga
modificó la forma en que se entregaban los libros de texto en secundaria: en
lugar de comprarlos a editoriales privadas, la SEP comenzó a producirlos
directamente, poniendo fin a contratos millonarios con la iniciativa privada.
8. En 2025, acusó a sus superiores en la SEP de dar un giro neoliberal y acabar con el “legado obradorista”. Señaló a Mario Delgado y Noemí Juárez de favorecer la educación privada y de buscar elaborar nuevos libros de texto gratuitos que transmitieran esa visión.
Es lamentable que Marx Arriaga haya defendido la Nueva Escuela Mexicana frente a políticos de todas las corrientes, mientras los Secretarios de Educación que la implementaron guardaron silencio, permitiendo que él se desgastara en sus excesos y aciertos. Resulta vergonzoso que el supuesto movimiento de izquierda mexicana entregue la cabeza de uno de sus alfiles a la jauría de ignorantes del sistema educativo que comercian con las necesidades escolares.
Es grave que el Plan de Estudios 2022 sea condenado junto con Arriaga, cuando sus verdaderos autores siguen dando conferencias como si nada, sin que se comprenda su estructura ni los retos que enfrentan los maestros para aplicarlo. Llamar “socialista” a la propuesta educativa es un error, pero sus defensores ni siquiera están dispuestos a debatir sin recurrir a jergas extranjeras llenas de insultos.
El espectáculo de disciplinar a un aliado de esa manera recuerda los peores tiempos del populismo priista, cuando hubo funcionarios que se enteraban de su destitución y debían huir, o quienes fueron amenazados con prisión y aun así tuvieron la entereza de presentar a su sucesor sin dejar de sonreír.
La torpeza con la que Arriaga ha sido defenestrado evoca la violencia inicial que él mismo ejerció contra sus subordinados. Ojalá ni Mario Delgado ni sus colaboradores tengan que vivir algo semejante y que este no sea el modo en que se resuelvan las disputas sobre la educación mexicana.
Adendum: Una nueva generación de contenidos y libros de texto ha sido anunciada. ¿Será
cierto que solo se busca subir al sector privado una vez más al carro
educativo?
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