Émile Durkheim definió al suicidio como todo caso de muerte que resulte directa o indirectamente de un acto positivo o negativo, ejecutado por la propia víctima a sabiendas de que habría de producir este resultado. El autor también nos aclara que muchas veces no existe ninguna diferencia entre una persona normal y el suicida, salvo que este decidió quitarse la vida, pero las razones de este acto también se hayan en la sociedad y no solo son resultado de la mentalidad individual. Por ello, creo la siguiente caracterización de tipos de suicidio diferenciando la relación particular que el sujeto puede tener con la sociedad:
Suicidio egoísta: Falta de integración social (soledad, aislamiento, pérdida de vínculos familiares o comunitarios).
Suicidio altruista: Exceso de integración (sacrificio por el grupo, como en algunas culturas guerreras o rituales).
Suicidio anómico: Desregulación social (crisis económicas, cambios rápidos en la sociedad, pérdida de normas o expectativas frustradas).
Suicidio fatalista: Exceso de regulación (opresión extrema, esclavitud, situaciones sin esperanza).
Para llegar a estas definiciones sociales en el siglo XIX, Durkheim recurrió al análisis de categorías como sexo, raza, religión y nacionalidad, que, curiosamente, hemos vuelto indispensables en el análisis del siglo XXI.
Armando Vega Gil decidió morir el 1 de abril de 2019, luego de recibir una acusación en una página de Twitter (hoy X) llamada @MeTooMúsicosMexicanos, un lugar donde algunas mujeres denunciaban los abusos que habían sufrido a manos de músicos, artistas y compositores ligados a la industria musical. Al integrante del grupo Botellita de Jerez se le acusaba de cometer un abuso sexual contra una niña de 13 años, acusación que nunca recibió una ratificación judicial, y la página donde se le acusaba dejó de existir poco después.
En este caso, el nombre de la persona que lo acusaba nunca pudo ser esclarecido, ya que el músico negó los hechos en su carta póstuma y no reveló ni el nombre ni ningún indicio que pudiera llevar a encontrar a la persona que lo acusaba. Por lo que él mismo relata en esa carta, su contacto con menores de edad era algo continuo.
"Buenas noches a todas y todos.Hace unas horas, en la cuenta de Twitter #MeTooMusicosMexicanos, una chica me acusa de abuso y acoso. Ella narra que el episodio ocurrió cuando tenía 13 años, lo cual hace que esto se vuelva grave, muy grave. Bien, lo afirmo categóricamente, dicha acusación es falsa.Soy una persona pública y constantemente recibo gente, muchas menores de edad, en mi casa para entrevistas, talleres o simplemente charlas, con algunas de estas muchachas y muchachos que siguen mi carrera, y mantengo comunicación con ellas y ellos.(...)".
Otro suicidio que ha causado revuelo en México es el del profesor Alberto Israel Jasso Cruz, quien decidió quitarse la vida el 21 de julio de 2026, dejando únicamente un video y una nota suicida que difundió, por medio de la aplicación WhatsApp, a varios miembros de la comunidad de la escuela preparatoria donde trabajaba: el plantel Carmen Serdán del Instituto de Educación Media Superior (IEMS) de la Ciudad de México. En estos denunciaba que era víctima de una acusación falsa de abuso y que, por ello, decidió quitarse la vida como un "acto de protesta" y de concientización sobre el sistema jurídico e institucional que, según él, habría de destruir su vida.
Los hechos que refiere, así como la forma en que los dio a conocer, han provocado reacciones diversas. Por ejemplo, ha generado repudio que en el video exhibiera tanto el nombre como la fotografía de la alumna que, según sus declaraciones, lo habría acusado falsamente de tocamientos. También, miles de hombres indignados han denunciado que la justicia hoy en día es parcial cuando se trata de acusaciones sexuales y que, al no existir una defensa posible ante acusaciones falsas, el profesor Jasso es una víctima.
En la lucha por la narrativa que han emprendido algunos influencers, colectivos y activistas, observamos una deshumanización constante tanto del profesor como de la estudiante, ya que, sin que exista una condena legal, los insultos dirigidos a ambos han tomado la discusión pública. Estoy convencido, estimado lector, de que podríamos crecer mucho como sociedad si la violencia verbal y física dejara de ser el motor de la justicia, no solo porque se trata de un mecanismo inútil a la hora de prevenir y sancionar los delitos, sino porque, al tratarse de temas coyunturales, se utiliza a personas de carne y hueso como símbolos para que grupos oscuros de todo tipo sigan polarizando a la sociedad.
No sé qué tan serio pueda ser el testimonio de una persona presa de la desesperación, pero lo dicho por el profesor Jasso lo compromete mucho más de lo que pudiéramos pensar. Y es que, luego de 35 años de carrera (10 en el Estado de México y 25 en la Ciudad de México), ignorar los peligros que un docente puede enfrentar por conducirse de forma cercana con los estudiantes es una temeridad.
Porque estos riesgos son reales, pero disminuyen cuando uno alcanza la madurez y la experiencia necesarias para sortear situaciones en las que puede verse comprometido. Y es que, como usted sabe, estimado lector, darle a un alumno o alumna una medicina, algún alimento o incluso una palabra de aliento puede ser malinterpretado; sin embargo, muchos docentes lo hacen, y estoy seguro de que lo seguirán haciendo por una sencilla razón: es muy difícil sustraerse al dolor humano. Pero no podemos ser ingenuos; no cumplir la normatividad tiene un precio. El punto es si la situación vale la pena para pagarlo.
Ignoro bajo qué circunstancias personales vivía el maestro Jasso, si era querido por su familia o si tenía deudas, pero, por los testimonios que he leído de sus alumnos, era una persona a la que ellos querían y respetaban; incluso declaran que los ayudaba. Con todo el respeto que le tengo a mi profesión, no se puede cultivar esta imagen sin que se quebranten normas y se rebasen límites, aunque, por supuesto, no me consta hasta dónde se llegó. Si el maestro Jasso no violaba los reglamentos de manera reiterada, sí lo hizo al mostrar la foto y el nombre de su estudiante, y temo que ese arrebato fuera una constante de su carácter, ya que ese solo instante bastó para llenar de ruido una denuncia totalmente legítima sobre el sistema penal mexicano.
Los cambios de la última década han disminuido los feminicidios y han llevado a las mujeres a conseguir nuevos derechos. Sin embargo, la justicia parece estar todavía muy lejos de alcanzarse, ya que, si bien el maestro Jasso huyó del escarnio, este ahora pesa sobre su alumna, aunque solo se le haya mencionado una vez y jamás se le haya descalificado como persona.
Las causas sociales del suicidio no son solo psicológicas, como lo demuestra Durkheim; también son provocadas por las contradicciones sociales de nuestro tiempo. La polarización en la que nos encontramos cobra vidas. ¿Son conscientes de ello todos los activistas y sus huestes? No hay inocentes en esto, por lo cual deberíamos ser más cuidadosos con nuestras palabras.
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