Casi nunca hablo de mi papá, aunque a pesar mío y muy probablemente suyo nos parecemos bastante. A él le debo uno de los recuerdos más felices y significativos de mi vida. Tendría cuatro años entonces, mis papás a su manera se estaban despidiendo de mí, mi entrada a la escuela era inminente y con ella iniciaría una despedida que no ha dejado de prolongarse, así que tanto mamá como papá compartieron conmigo lo más significativo de su vida. Mi padre fue obrero por más de 40 años, pero a diferencia de muchos obreros y profesionales, mi papá amaba profundamente su trabajo, y puedo afirmar con mucho orgullo que en todo el tiempo que trabajó, jamás llegó tarde. En un día cualquiera, tomó mi pequeña mano entre sus callosos dedos y me llevo a lo que sería su segundo hogar, su fabrica; donde cada hora y cada jornada, cargaba de una orilla a otra de una nave industrial, 40 kilos de cartón, cuyo propósito era preparar los empaques de las piezas de vidrio que vendía su fa...