Los mexicanos de la capital del país, los chilangos y defeños, nos hemos hecho fama de impuntuales. Si te has quedado de ver con alguien el tiempo mínimo de espera es de media hora, y es que más allá del problema de movilidad urbana que acecha a los que trabajan en la ciudad de México hemos hecho del llegar tarde un modus operandi de la impunidad. Algunos psicólogos piensan que el retraso común y sistemático es un síntoma de autosabotaje y de desprecio por el tiempo de otros. Así como una estrategia de control, que lleva implícita la necesidad de sumergir al otro en la dinámica propia. Lo que es más lamentable de la impuntualidad es que se traduce también en perdidas económicas, y en casos extremos mina la confianza y el aprecio, accidentes, imprudencias y negligencias se combinan en algo que es tan peligroso tanto como síntoma como enfermedad. La secretaria de educación pública ha llegado tarde, a casi todo lo...