miércoles, 28 de marzo de 2018

Para Roberto Ruiz Llanos con cariño

Texto para un fundador, así lo recuerdo...


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Cuando vi por primera la Unidad Pedagógica de Ecatepec (UPE) he de confesar que me sentí impresionado, no porque ese lugar tuviera una grandeza arquitectónica o fuera monumental,  en su construcción había algo que te hacía sentir cómodo, protegido...desde entonces me preguntó qué fue y sólo he podido encontrar situaciones contradictorias. ¿Eran sus arboles? ¿Tal vez el que no existían bardas? ¿El que las puertas nunca se cerraban en ese lugar al que asistían niños y hombres  recibir formación? ¿El que al parecer no existía uniforme? Todos parecían sonreír. 

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Cuando llegué por primera vez a cursar la preparatoria en ese lugar, otra vez me sorprendieron los arboles, pero es que ahora me di cuenta de que no eran tan grandes ni imponentes como yo pensaba. Más bien parecían guerreros, luchando contra un suelo desértico, solo en la Preparatoria y la Normal no se usaba uniforme mientras que en el Preescolar, la Primaria y la Secundaria Anexa este permanecía, aunque con algunas variantes de azul.   Si bien no existían muros, una malla metálica recorría ya muchas áreas, la sonrisa permanecía  y yo la hice propia, pues al igual que muchas personas sentía un genuino placer al volver cada día a un lugar donde el mejor de los aprendizajes que recibí, fue aprender a ser feliz. 

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Había oido hablar de Roberto Ruiz Llanos de muchas maneras pues como todos los hombres  está lleno de clarooscuros muchas veces el recuerdo mas nitido que tengo es el siguiente. Era una mañana de otoño, nos habían reunido a todos los consejeros para tratar un tema impotante. Pero esta vez la cosa era muy diferente a aquella ocasión en que los vidrios de nuestro edificio, y los salones apareciefon grafiteados y destruidos.  Y la respuesta del maestro Roberto fue pedir perdón.  No, aquella mañana había gente extraña en la escuela (o al menos eso me parecía a mi) que nunca los había visto. Había un ambiente de extraña solemnidad que eran algunas cosas que el maestro Roberto no soportaba, y   cuando menos lo esperaba ocurrió, el maestro Roberto anunció su retiro de la docencia al mismo tiempo que presentaba a su sucesor. Los ahí presentes reaccionaron de una manera indigna, muchos corrieron a felicitar a su sucesor incluso alguna persona deseosa de quedar bien con el que creía sería su nuevo jefe. Empujo al maestro Roberto para abrirse paso hacìa su nuevo jefe.  Yo me sentí contrariado, desde algunos días atrás, se había rumorado el retiro del maestro Roberto y muchos alumnos le habían expresado su respeto  y admiración.  Por paradojica que sea la vida aquel gesto de mezquindad colectiva, me permitió acercarme a él, y decirle lo mucho que lo admiraba, y que si alguna vez existió en mi vida alguna duda sobre la profesión a la que me dedicaría haberlo conocido me habría convencido de que ser maestro era a lo que quería dedicar mis esfuerzos. El solo me volteo a ver y dijo, gracias eso es lo que necesitaba, y salió del salón. Dos semanas después el maestro Roberto seguía en su oficina, pantalón de mezclilla, camisa a cuadros, la puerta abierta...El sucesor había desaparecido. 

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Inspiración pedagógica de muchos, el profesor Roberto Ruiz Llanos nos abandonó el 5 de septiembre de 2014. Aunque su sueño de que el autoritarismo se terminé en la educación mexicana siempre fue su principal obsesión, aún se encuentre lejos, es en ese anhelo en el que los ya no tan jóvenes maestros que pudimos conocerle, encontramos una meta, pues nos enseño que en cualquier lugar desértico, puede florecer la más bella de las flores y hacerse un jardín en el que jueguen los niños, descanse en paz... 

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